Interesante, ¿verdad? Va la anécdota. Mi abuelita siempre nos contaba cuentos. Desde chistes hasta fabulas bien complejas que me producían pesadillas o largos periodos de filosofía. En un tiempo dicen que fui un semi-autista. Llegó un punto de mi niñez en que mi abuelita ya no vivía en la misma casa, lo que hizo más espaciados los tiempos para contarnos historias. De mi insistencia por saber más de esas cosas tan fascinantes y por la poca paciencia de mis padres (supongo) que me dijeron que yo revisara libros, que ahí había de esas historias, pues ninguno de ellos sabía ningún cuento. Bah! Y luego porqué los hijos odiamos a los padres. En fin empecé con los libros que había en la casa, pero no me sentía tan satisfecho. Corte a... ¡Pues ve a la biblioteca! Padres tan irresponsables que me tocaron.
En ese entonces yo vivía en Conkal, así que no fue muy difícil ir por mi propio pie a la única biblioteca de ahí. Muy pocos libros para niños o los que habían me parecían demasiado sonsos pero pues ahí me la pasaba revisando libros de historia, de botánica, de psicología y demás disciplinas que si bien no lograba entender me daba mucha gracia las ideas que planteaban.
Cuando comienza mi etapa de pubertad, al ser criado en un entorno matriarcal siendo yo el único varón en la familia y mi papá demasiado “mocho” para hablar de temas de sexualidad, mis papás tuvieron la genial idea de empezar a comprar libros con títulos del tipo “El joven moderno y el sexo”, “La joven moderna y el sexo”, “La sexualidad en la adolescencia”, Un grito desesperado (sí, yo también lo leí ¿Y qué?), otros temas de CC Sánchez y demás títulos similares. Si hacemos una comparación la saga de CC Sánchez pienso que es el “Quiúbole” de Jordi Rosado y Gaby Vargas pero en dilucidación cuántica de cual es peor.
En ese entonces yo vivía en Conkal, así que no fue muy difícil ir por mi propio pie a la única biblioteca de ahí. Muy pocos libros para niños o los que habían me parecían demasiado sonsos pero pues ahí me la pasaba revisando libros de historia, de botánica, de psicología y demás disciplinas que si bien no lograba entender me daba mucha gracia las ideas que planteaban.
Cuando comienza mi etapa de pubertad, al ser criado en un entorno matriarcal siendo yo el único varón en la familia y mi papá demasiado “mocho” para hablar de temas de sexualidad, mis papás tuvieron la genial idea de empezar a comprar libros con títulos del tipo “El joven moderno y el sexo”, “La joven moderna y el sexo”, “La sexualidad en la adolescencia”, Un grito desesperado (sí, yo también lo leí ¿Y qué?), otros temas de CC Sánchez y demás títulos similares. Si hacemos una comparación la saga de CC Sánchez pienso que es el “Quiúbole” de Jordi Rosado y Gaby Vargas pero en dilucidación cuántica de cual es peor.
A partir de ahí seguían apareciendo libros que yo leía de dos a tres días y aparecían otros.
Mi capacidad de lectura era más veloz que la compra de material de mis padres, pero Dios actúa de formas misteriosas y un vecino que se mudaría nos regaló un librero (con libros) que contenía una colección muy ecléctica de lecturas desde mitología hasta ciencia ficción pasando por el erotismo culto (género que con el background de los libros de sexualidad entendía a la perfección), Reader`s Digets y autores que hasta el día de hoy no he vuelto a escuchar pero cuyos pasajes de sus libros aun siguen en mi cabeza. En ese librero había muchos ejemplares y no quería confundirme al momento de saber cual ya había sido leído y cual no. Así que del orden en que llegaron los libros yo leía de izquierda a derecha (un hurra por mi TOC). Y de ahí siempre canalicé mi nerviosismo y/o ansiedad leyendo algo.
Leía en el banco, en el hospital, en los camiones, en la Iglesia (:S), en la cola del supermercado, en el cine; esto se debía a que siempre cargaba un libro en mi bolsa/backpack/Vaspapú y las esperas siempre se hicieron menos eternas o molestas.
Siempre he sentido fascinación y respeto (confieso que hasta lujuria) hacia las personas capaces de plasmar, estructurar, manipular y en general guiar estratégicamente las palabras escritas para posicionarnos en escenarios tan irreales que son reales y tan extraordinarios que parecen comunes y viceversa. En mundos en donde es imposible distinguir la línea entre ficción y realidad pues de tan bien armados que parecen imposibles que hayan sido inventados. Libros con ideas tan y tan poco ortodoxas que se piensan difícilmente creadas por humanos. Y es que para mí una persona capaz de hacer algo así esta un paso más adelante de la simple humanidad.
A partir de la época dorada de los blogs, intenté consumarme como escritor (Já, looser) pero siempre me encontraba hipnotizado con los escritos de otros blogueros y prefería estar en el papel de lector. La evolución (¿?) de blog a twitter hizo más fácil que yo escribiera. No hay muchas ideas para ordenar en 140 caracteres. Cosa curiosa no tengo twitter. No se me ocurre ningún nombre genial para mi cuenta.
La belleza del blog es su permanencia. El twitt (o estado de Facebook en mi caso) desaparece al ser desplazado por más líneas en el timeline. Un twitt dura lo que tarda otra línea en ocupar el timeline.
Lo peligroso del blog es su seriedad y profundidad. Desarrollar un tema, mantener la coherencia y dinamismo de una lectura es un superpoder que no tengo.
En respuesta a la pregunta inicial como escritor soy muy buen lector.
Aun estoy temblando por haber escrito esto. En este momento un Saramago estará revolcándose en su tumba. Usted perdone lector la magnitud de mi atrevimiento, por favor, continúe con su vida.
Aun estoy temblando por haber escrito esto. En este momento un Saramago estará revolcándose en su tumba. Usted perdone lector la magnitud de mi atrevimiento, por favor, continúe con su vida.
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